Tras la huella de los bullion “Bailarinas” rusas en paladio

De breve e intrigante se puede señalar la vida de las monedas rusas denominadas “Bailarinas”, acuñadas en la Casa de la Moneda de Moscú para la inversión en un metal precioso poco usual: el paladio. Con tan sólo seis años de emisión, la elección de este metal y la temática que contuvo las monedas fueron gestos simbólicos para reavivar el orgullo patrio durante los estertores de la antigua URSS.

En 1989 apareció la primera moneda acuñada en paladio en la Ceca de Moscú con la singularidad de reproducir en su anverso la imagen de una bailarina de ballet clásico, nada menos que el personaje de Odett del famoso “lago de los Cisnes” que compuso Piotr Ilich Chaikovski en 1876.

Con esa imagen la Unión Soviética pretendió honrar el significado cultural del ballet y en concreto del Ballet del Bolshói, además de enriquecer la emisión de la moneda de inversión en paladio frente a otras piezas lanzadas al mercado por Francia o Canadá.

Además, el paladio fue elegido como el metal para la acuñación de las “Bailarinas” porque Rusia es el hogar de las minas de paladio más grandes del mundo. Más del 40 por ciento de la producción mundial de paladio sale de Rusia.

De igual manera, la Unión Soviética estaba luchando desde 1989 por un cambio radical de sus estructuras sociales y económicas, con grandes presiones para reformar su gobierno y forma de estado.

El estado soviético finalmente se derrumbó en 1991, pero la producción de las “Bailarinas” de paladio continuó durante otros cuatro años más. Después de que la producción de estos bullion se detuviera en 1994, la demanda aumentó enormemente, además de por el metal precioso que contenía, por la novedad de poseer una pieza de un imperio recientemente caído.

Las monedas en paladio fueron apareciendo en esos seis años con valores nominales de 25 rublos en 1989, para continuar en años posteriores con valores de 5, 10 y 25 rublos.

Las imágenes de sus anversos fueron siempre diferentes posiciones de la intérprete protagonista del “Lago de los Cisnes”, salvo en una pieza en la que aparecen la princesa Odette y el príncipe Sigfrido, personajes principales de la obra.

Por su parte, los reversos de las monedas muestran el escudo y símbolo de la antigua Unión Soviética, con su hoz y martillo, debajo el que aparece el valor nominal y año de emisión. Si bien ya en 1993 el reverso se adecua al nuevo estado, la Federación Rusa, y símbolo al rescatar el águila bicéfala de los zares.

Las tiradas de estos bullion ya desaparecidos nunca excedieron de los 1.500 ejemplares, por lo que su precio de mercado siempre estuvo muy por encima del valor nominal de las onzas o medias onzas acuñadas.

La última emisión tuvo lugar en 1994 y la producción se realizó en la Casa de la Moneda de San Petersburgo.

Desde ese año, nunca más volvieron a surgir estos bellos bullions en paladio de las máquinas de acuñar rusas.

¿Qué llevó al gobierno de Boris Yeltsin a frenas y paralizar las emisiones de los bullion en paladio? Posiblemente la grave situación económica del momento y la falta de expectativa ante un futuro incierto.

La consecuencia más destacada de la reforma económica sufrida en la antigua dictadura soviética fue un agudo incremento de las tasas de pobreza y desigualdad, que crecieron considerablemente desde el final de la era soviética. Según estimaciones del Banco Mundial, mientras que en 1988 tan solo un 1.5% de la población vivía en la pobreza, a mediados de 1993 la sufría entre el 39% y 49% de la población.

Los altos costes de acuñación, sumados al precio del paladio en esa época, 160 dólares la onza, además del desinterés gubernamental por la inversión de la emergente clase media, pudieron ser determinantes en la finalización de la vida de las “Bailarinas”.

El caso es que, hoy en día, tan sólo Canadá y su Hoja de Arce y la futura Eagle estadounidense, se mantienen en el mercado de los bullion acuñados en paladio.

¿Retomará Rusia a sus históricas “Bailarinas” en paladio?