Suiza, sede de las principales refinerías de oro

Antes de llegar a las cámaras acorazadas de los bancos, el oro pasa por un procedimiento de refinado que lo transforma en oro puro y le da su forma de lingotes.

El camino desde la mina hasta la caja fuerte es más largo de lo que puede parecer. El mineral que se extrae en las explotaciones mineras, aunque depurado y fundido, continúa estando mezclado con impurezas y otros metales, fundamentalmente plata, que hay que eliminar para que el oro sea considerado puro (999,9 milésimas de oro).

Las responsables de este proceso de purificación del oro, desde el llamado “doré” que sale como producto de las minas de oro y que contiene entre el 10 y el 70% de oro, a los lingotes o los cospeles (las piezas circulares de oro sobre las que las cecas acuñan las monedas) son las refinerías de oro.

Como explican desde Goldswitzerland, esta industria tiene sus principales operadores en Suiza. Las refinerías suizas producen entre el 60 y el 70% de los lingotes de oro del mundo. Las cuatro principales son Argor, Valcambi, PAMP y Metalor; las tres primeras se encuentran ubicadas en el corazón de este negocio, el Cantón del Tesino (Ticino, en italiano), que es la parte más meridional de Suiza, de habla italiana.

El motivo de esta distribución geográfica se debe al predominio que tuvo la industria joyera italiana, que dominó la producción joyera global durante varios siglos. Aunque otros países han desplazado a Italia de esta posición de privilegio, las refinerías de oro han permanecido en Suiza. De hecho, el oro es uno de los principales sectores industriales, responsable del 29% de las exportaciones del país.

El refinado de oro es una industria de precisión, sin margen de error, cuyo resultado es la producción de lingotes que contienen un 99,99% de oro y que deben tener un peso exacto. Por ello, una vez que se ha refinado el oro y se han fabricado y grabado los lingotes, cada uno de ellos se pesa individualmente y se pule para eliminar el exceso hasta dejarlo en un peso ligerísimamente superior al establecido.

Este pequeño “sobrepeso” es una tradición de la industria suiza de refinado del oro, que se precia de no vender nunca un lingote que tenga menos que su peso declarado. Si se detecta algún lingote que esté por debajo de su peso, aunque sea una cantidad insignificante, se envía de nuevo a fundir. Por eso, el oro procedente de Suiza se considera el más puro del mundo.

Respecto a su precio, dependiendo del comprador y del volumen de lingotes adquiridos, su precio suele estar entre uno y dos dólares por encima del precio del llamado “oro papel”. Por ello, analistas como Egon von Greyerz consideran que existe una “diferencia ridícula” entre estos precios, teniendo en cuenta el trabajo que supone el refinado y fundido de un lingote de oro.

Suiza cuenta también con numerosas empresas dedicadas a otros negocios relacionados con el oro, como las cámaras acorazadas. El hecho de ser una de las democracias más antiguas del mundo y de no haber participado en una guerra durante los dos últimos siglos lo convierten en uno de los países más seguros del mundo, por lo que es el lugar ideal para que proliferen las compañías privadas de custodia de oro y plata.