Vender ahora o no vender, esa es la gran cuestión en el mercado del oro

Dicen los más avezados en los mercados de metales preciosos neoyorquinos y londinenses que “to the scrambled river, fishermen gain”, ya saben, el carpetovetónico “a río revuelto, ganancia de pescadores”. ¿Es este el momento en el que están esos mercados? Pregunta a la que, si es así, sigue la de ¿vender ahora o no vender?

Siempre, siempre que el oro se ha mantenido inmóvil en sus ratios o ha bajado sus niveles de precios de manera continuada a lo largo de un mes, surgen las dudas y aparece la pregunta del millón: ¿Es el momento de vender o de comprar? ¿Qué hago ahora con mi oro?

Puede que para algún bróker o para inversores rápidos, los del compro hoy y vendo mañana, es decir, para los especuladores, los momentos de frenada del oro les cause dudas e indecisiones.

Durante las últimas semanas de septiembre y primeros días de octubre, el oro físico se ha instalado en una caída en goteo hasta llegar el martes 3 de octubre a los 1.271,25 dólares onza. Eso sí, el 8 de septiembre el metal dorado alcanzó la mejor cifra del año con 1.350,90 dólares.

En ese instante, todos contentos. Pero el oro comenzó una estratégica bajada, en cuyo tramo final fue empujado por las últimas decisiones de la Fed.

Pero ese mensaje bajista, cuando los osos aparentan tomar los caminos hacia un fondo indeterminado, no tiene por qué ser una definición de ruptura y cambio negativo del mercado.

Vean un significativo dato de lo que llevamos de año: el oro partió en su recorrido el 3 de enero, cuando el londinense LBMA decidió que el oro arrancaba 2017 con un precio de 1.148,65 dólares la onza. Nada menos que 122 dólares por debajo del precio actual.

Desde ese 3 de enero el oro se mantenido en un alza continuo, al que luego seguía una ligera declinación. Estos aumentos de “dos pasos adelante, un paso atrás” son una clara señal alcista y muestran un avance saludable del mercado. Así, al menos, coinciden numerosos analistas.

Al movimiento alcista del oro en lo que va de año hay que acercar los datos, entre otros, de la tasa real a 10 años de los bonos del Tesoro, que han tenido un movimiento desacompasado. Caminando sí, pero de medio lado.

La tasa de los fondos federales -la tasa controlada por la Fed para influir en los costos de los préstamos- se ha elevado cuatro veces desde 2015, con subidas de 25 puntos básicos en los meses de diciembre de 2015 y 2016; así como en marzo y junio del presente año.

Desde entonces, el oro ha acometido una escalada del 25%, partiendo de los 1.050 dólares, hasta lograr superar los 1.300 dólares.

Las tasas a más largo plazo, utilizadas con frecuencia para medir las expectativas de los inversores en cuanto a la inflación y el crecimiento económico, permanecen prácticamente sin cambios desde hace dos años.

Mientras tanto, los mercados bursátiles han seguido registrando máximos récord, pero siguen teniendo un rendimiento inferior al del oro desde diciembre de 2015.

El dólar estadounidense ha disminuido este año a más del 10% frente a las principales divisas internacionales, a pesar de dos subidas de tasas y el anuncio de la Fed de que planea reducir su balance masivo. Proporcionando así al metal precioso una buena expectativa a medio plazo con flujos alcistas.

Llegados a este punto, el inversor vuelve a preguntarse ¿y qué hago ahora, vendo?

No cabe duda de que lo mejor de este mundo es dedicarse a la vida contemplativa, además, con la que está cayendo…, pero como esa no es la solución a la incógnita del mercado, lo mejor es seguir el histórico aserto mercantil de “compra cuando esté bajo y vende cuando esté alto, para volver de nuevo a comprar”.

Si se quiere evitar el riego de la especulación, lo mejor es mantener siempre la mejor cantidad posible de oro, aseguran los expertos.  Así, si puede, compre ahora. A finales de año lo agradecerá, dicen también.